Uposatha
Cuatro veces al mes la luna llega a una nueva fase, y desde hace dos mil quinientos años esos días se pasan igual: los Ocho Preceptos, silencio, el regreso a la práctica. Ni fiesta ni hazaña. Un día en que vuelves a oírte.
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· Luna nueva · 3:27
Calculada por astronomía y mostrada en tu zona horaria. El calendario recoge también los cómputos tradicionales: tailandés, birmano, cingalés y otros.
Las cuatro fases
Luna nueva — silencio e intención
La Luna está oculta, el cielo oscuro. Es la fase más interior: momento de parar, mirar hacia dentro y preguntarse: ¿qué ha terminado?, ¿qué necesita purificarse? La Luna nueva favorece especialmente la meditación profunda y silenciosa, la toma de preceptos y las intenciones puestas con el corazón limpio.
Qué hacer: meditación en silencio, comida sencilla, renovar las intenciones, descansar del ajetreo.
Cuarto creciente — crecimiento y esfuerzo
La Luna crece. La energía sube, la mente se vuelve más activa. Es buen momento para la práctica con esfuerzo: estudiar el Dhamma, trabajar con los patrones difíciles de la mente, la generosidad y las buenas acciones. La propia naturaleza sostiene la voluntad.
Qué hacer: estudiar suttas, meditación activa, buenas acciones, práctica de mettā.
Luna llena — plenitud y luz
La Luna está en toda su fuerza. Es el día de Uposatha más venerado: el día en que el Buda nació, alcanzó la iluminación y entró en el parinirvana. La mente está especialmente receptiva: cuesta menos concentrarse, la claridad queda al alcance. La Luna llena es el momento de la observancia completa de los preceptos, de la meditación profunda y de la gratitud.
Qué hacer: observancia completa de los ocho preceptos, meditación larga, lectura de suttas, dedicar el mérito a todos los seres.
Cuarto menguante — soltar y calmar
La Luna mengua. La naturaleza exhala. Es tiempo de soltar con suavidad lo acumulado, aquello a lo que la mente se aferraba. Buen momento para la práctica de la ecuanimidad, para perdonarse y perdonar, y para mirar atrás con gratitud.
Qué hacer: meditación de ecuanimidad, perdón, contemplación en calma, gratitud, comida ligera.
Las cuatro fases son igual de valiosas. Cada una es su propia puerta hacia la quietud.